Cuando tienes un hijo que nace demasiado pronto, o tiene que estar hospitalizado por alguna enfermedad, el tiempo se para. Literalmente.

Mi hija Xana nació muy prematura, de 25 semanas, y por complicaciones de su prematuridad se pasó un año en la UCI. Recuerdo que éramos jóvenes, y sólo vivíamos para ella.

Todo dejó de importar...el trabajo, los amigos, incluso la familia, vivíamos cada día para ir a verla. Ni siquiera  a través de su cuna de cristal.

Fue duro  porque ni  siquiera podíamos tocarla, pero tuvimos la suerte de que fuera una UCI abierta 24h al día!, lo que facilitó mucho nuestra situación. Sé que hay hospitales que sólo permiten visitas reguladas por periodos breves, y me parece que en estancias prolongadas es algo cruel e inhumano. ¡Imagínate  nosotros un año entero si sólo hubiéramos podido verla una hora al día! ¡Casi  ni nos conocería después de tanto tiempo! 

Hay que pensar que aunque son bebés, están vivos, y necesitan tener a sus padres como referencia, y más en una situación de stress y dolor constante; de enfermedad. 

Nosotros íbamos a las 9 de la mañana y por turnos entre los dos estábamos allí hasta las 9 o 10  de la noche depende de cómo se encontrara ella. Cuando no podíamos tocarla, le cantábamos horas y horas  y horas, para que supiera que estábamos allí, apoyándola, amándola, esperándola. Cuando podíamos tocarla, la acariciábamos sin parar, para intentar de algún modo equilibrar el dolor con cariño, hacerle olvidar los pinchazos, los tubos...le llevábamos sábanas de casa, con dibujos de animales y colores, y juguetes para colgar de la incubadora cuando fue creciendo. Y algo que creo que fue muy importante, cuando nos íbamos, nos dejaban meter un pequeño altavoz en la incubadora con nanas y música, para que pudiera centrarse en la música en vez de en las máquinas, los pitidos...

Fue duro alejarse de todo, pero no éramos capaces de salir y hablar con la gente, era demasiado difícil. Por eso, al final, nos quedamos un poco aislados. Cuando Xana  salió, empezamos a levantar la vista y a ver que estábamos en una isla, y la gente que había seguido con su vida pasaba a nuestro  alrededor a toda velocidad. Durante un año, no sabíamos de política, ni de películas, ni sabíamos cómo  les había ido a la vida a nuestros amigos. Hubo algunos a los que les costó entenderlo, que consideraron que no nos dejábamos ayudar o nos echaron en cara el desinterés por el resto del mundo. Pero no fue algo planeado sino más bien  una estrategia de supervivencia. 

Poco a poco fuimos intentando "subirnos al mundo" de nuevo. Fue un proceso largo  y difícil, ya que nuestras prioridades iban marcadas por Xana  y sus necesidades, así que todo era a su ritmo. 

Sólo puedo decir, que el mundo luego nunca lo vi con los mismos ojos...se me hizo un lugar muy extraño al principio , pero con el tiempo pude volver a sentir las sonrisas y alegrías de la gente, pude volver a hablar  sin sentir que hablaba de cosas que nadie entendía. 

Pudimos poco a poco encontrar nuestro lugar, lo primero al lado de Xana , y lo segundo, en el mundo...pero a nuestro ritmo.

 

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