Cuando nuestro niño ha recibido un determinado diagnóstico o presenta algún tipo de  retraso o alteración que pueda llevar a que presente necesidades educativas especiales transitorias (por un tiempo) o permanentes (para siempre), es necesario que reciba Atención Temprana con el objetivo de  “potenciar su capacidad de desarrollo y bienestar, posibilitando de la forma más completa su integración (actualmente podríamos hablar mejor de inclusión), en el medio familiar, escolar y social, así como su autonomía personal.”1.

¿Pero qué es eso de Atención Temprana? Según el Libro Blanco de la Atención Temprana, entendemos por Atención Temprana “el conjunto de intervenciones dirigidas a la población infantil, de 0 a 6 años, a la familia y al entorno, que tienen como objetivo dar respuesta, los más temprano posible, a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas, por un equipo de profesionales de orientación interdisciplinar y transdiciplinar.”

¿Y esto qué significa?
Esta definición lo que nos dice que si nuestro hijo, entre los 0-6 años, ha recibido ya un diagnóstico y presenta ya determinadas necesidades educativas especiales o tiene riesgo de padecerlas, debe recibir una atención temprana que además será impartida por distintos profesionales coordinados entre sí, de manera que trabajen en la misma línea y dirección por el beneficio del niño.

También resulta fundamental el trabajo con la propia familia, la escuela, pues es donde el niño pasa la mayor parte de su tiempo y por lo tanto, de nada serviría que única y exclusivamente se le estimulase y atendiese por los especialistas, si luego desde casa y en la escuela no se sigue la misma línea.

Por eso, siempre que hablamos de intervención en necesidades educativas especiales, hablaremos de coordinación entre todas las personas que están con el niño.

Si como padres, familia, vemos que esta coordinación no existe, que no se nos facilitan las orientaciones necesarias para poder “continuar el trabajo” desde casa, debemos insistir en que se nos den.
Tenemos que tener claro que en el caso de estar escolarizado el niño, desde la escuela nos deben facilitar información sobre los objetivos y contenidos seleccionados para él, el tipo de intervención que se está llevando a cabo con él, las dificultades encontradas, pautas y orientaciones para trabajar conjuntamente, etc. De existir una comunicación y coordinación continua, y de no ser así, debemos saber que tenemos derecho a solicitarla.

Bajo mi punto de vista, todo lo que se refiera a prevención y atención temprana, cobra una importancia primordial en lo que a los niños, con o sin diagnóstico previo, respecta.
Durante los primeros 6-7 años, se están fortaleciendo todas sus bases psicológicas. Es por eso que toda la atención que reciba en esos años, especialmente si presenta necesidades especiales o parece que pueda padecerlas, será de gran utilidad. 

Y es que  si durante el desarrollo del niño, trabajamos de cerca sobre los aspectos que no se estén desarrollando de forma normal, podremos corregirlos, rectificarlos y permitir que tomen una nueva dirección. La dirección correcta. Todo ello con la intención de que puedan convivir, relacionarse y desarrollarse plenamente, o al menos, dentro de sus capacidades.

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1    FEDERACIÓN ESTATAL DE ASOCIACIONES DE PROFESIONALES DE LA ATENCIÓN TEMPRANA, (2005). Libro Blanco de la Atención Temprana. Madrid: Real Patronato Sobre Discapacidad.

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