Muchos niños que tienen afectaciones del sistema central o determinados síndromes, llevan asociado además un problema que es cuando menos muy preocupante para los padres: la Epilepsia o algún tipo de convulsiones.

Mi hija, después de varios estudios no tiene epilepsia, pero convulsiona unas cuantas veces al año por la fiebre.

La primera vez que convulsionó, sentimos pánico, porque no sabíamos a que nos estábamos enfrentando. Lo más importante es mantener la calma y llamar a los servicios de emergencia. Mientras poner al niño en un lugar blando del que no pueda caerse y donde no pueda golpearse con nada. Tratar de que no se muerda la lengua, aunque no recomiendan meter nada dentro porque podría partirlo por la fuerza de las convulsiones. Lo más importante es saber que aunque son duras de ver y parece que el niño está muriendo, las convulsiones no son en sí, una patología grave o que deje secuelas de manera frecuente. Es verdad que hay convulsiones que pueden dejar secuelas si se mantienen demasiado en el tiempo, pero no es lo normal, por eso es importante que lo primero sea llamar a los servicios de emergencia ya que ellos saben cómo actuar rápida y eficazmente.

Una vez en el hospital los médicos estabilizaran al niño, y si es la primera vez, seguramente le hagan un estudio llamado “Electroencefalograma” para ver si hay algún foco de irritación en el cerebro que este provocando esas convulsiones. Si es así, hay diferentes medicaciones que pueden administrarse, y aunque a veces se tarda un poco en dar con la adecuada, hoy en día son medicaciones relativamente inocuas si se pautan en las medidas mínimas necesarias para que el niño no esté convulsionando cada semana. Puede que el ajuste tarde un tiempo, pero suele lograrse. Si la prueba da bien, se valorara que las convulsiones hayan estado asociadas a la fiebre o si el niño puede haber sufrido un golpe o alguna causa que justifique las convulsiones. En estos casos lo normal es no dar medicación, con lo cual las convulsiones pueden volver a repetirse si se repiten las circunstancias(fiebre) así que los padres deben estar preparados para reaccionar en esos casos siempre guiados por los médicos responsables. Pueden elegir tratar de para las convulsiones en casa con medicación, o subir de nuevo al niño al hospital para que lo estabilicen. Siempre deben hacer lo que sea mejor para ellos y el niño, lo que les haga estar más tranquilos y confiados.

Las convulsiones febriles suelen finalizar a partir de los 6 años, y no dar mayor problema durante el resto de la vida.

En el caso de la epilepsia aunque se encuentre la mediación adecuada puede que con el tiempo haya que modificarla porque con el crecimiento deje de ser igual de efectiva, por eso lo más importante es acudir a un buen profesional de esta campo que nos de seguridad y confianza.

Aunque como ya he dicho es una cosa durísima de ver y da muchísimo miedo, hay que asumir que no pasa nada, que somos capaces de sobrellevarlo, y sobre todo que los niños no recordaran nada después de la crisis así que debemos clamarlos y tranquilizarlos para que no se convierta para ellos en algo traumático.

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